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EL PAÍS DE LOS MUÑECOS DE TRAPO

Teland era una isla situada al este del país de los muñecos de trapo. En esta isla había una pequeña aldea rodeada de densos bosques. Sus casas y la mayor parte de las construcciones eran de plastelina. En la aldea de Teland predominaban los colores oscuros y cálidos, en especial el negro y el rojo, tanto en las casas como en los ropajes de sus habitantes.

Eran las cuatro de la mañana, estaba amaneciendo, Rashell acababa de llegar al puerto de la isla de Teland, volvía de ver a su familia que vivía en la capital del país. Rashell era de tejido blanco, como la mayoría de los muñecos de trapo, tenía unos grandes ojos negros y un bonito pelo de lana azul. Vestía de morado oscuro y llevaba una bolsa colgada del mismo color.

Cuando llegó a la aldea descubrió un numeroso gentío alrededor de su casa. Vivía en una pequeña casa de plastelina de color rojo oscuro. Tenía la sensación de que algo grave podía haberle sucedido a Gina, su mujer.  
    ─ ¿Qué ha pasado? ─ preguntó Rashell.
    ─ Han atacado a Gina ─ dijo uno de los congregados.
    ─ ¿Cómo?, ¿pero quién iba a atacarla?
    ─ Unos ladrones, iban encapuchados ­─ dijo Jay el tuerto abriéndose paso entre la multitud ─. Está en su dormitorio es terrible…
Rashell no esperó a que le contaran lo sucedido y entró enseguida a ver a su mujer.
Gina estaba tumbada en la cama, se encontraba en dos partes, la habían partido por la mitad. Allí se encontraban también el alcalde y familiares y amigos de Gina. Rashell gritó aterrado.
    ─ ¡Oh Gina!
    ─ Han sido los ladrones ─ dijo Lina la hermana de Gina.
    ─ ¿Y porqué no la coséis ya?

Los muñecos de trapo a menudo sufrían accidentes y podían perder una parte de su cuerpo pero se recuperaban fácilmente cosiendo la parte amputada. Los muñecos no tenían sangre aún así el ser cortados para ellos era algo terrible, ya que si podían sentir el dolor. De todas maneras si se les cosía volvían a la normalidad, pero si no se les tejía en menos de cuarenta y ocho horas perderían esa parte para siempre. En el caso de Gina que había sido cortada por la mitad el no ser cosida supondría la muerte y pasaría a ser un simple trapo sin vida. Por ello el hilo era el bien mas preciado del país, era el oro de los muñecos de trapo   
   
    ─ No hay hilo se lo llevaron los ladrones ─ dijo Cory, era uno de los mejores amigos de Rashell.
    ─ Vinieron esta misma noche, Gina estaba sola en la alcaldía cuando entraron a robar todo el hilo de la aldea, se lo llevaron en bolsas. Gina intento pararles y gritó pidiendo auxilio, entonces estos la atacaron con los cuchillos y la cortaron por la mitad ─ explicó el alcalde.

Gina era la tesorera de Teland, se encargaba tanto de administrar como de proteger el hilo. Ella y Rashell llevaban casados apenas un año y no tenían hijos. Gina era una hermosa muñeca de trapo de cabellos rojos con dos coletas, sus ropajes también eran rojos y sus ojos eran negros. Gina y Lina eran gemelas y se diferenciaban en que su hermana llevaba una única coleta en vez de dos.
   
    ─ Mierda, entonces seguramente ya se habrán marchado de Teland, no vi a nadie ni en el puerto ni de camino a la aldea ─ Rashell se quedó pensativo un instante y agregó ─. Aunque ahora que lo pienso había una barcaza que no me era familiar, me pregunté de quién sería.
    ─ Quizá todavía no se hayan marchado ─ dijo Cory.
    ─ Pues vayamos entonces rápido al embarcadero puede que todavía estén allí ─ dijo Lina ─. Si se marchan con el hilo mi hermana morirá, ya que se necesitan tres días al menos para ir y volver de la ciudad con más hilo.
    ─ ¡Pues no perdamos ni un segundo! ─ exclamó Rashell.
    ─ Yo iré contigo ─ dijo una voz.
Todos se giraron era Jay el tuerto, ¿cuánto tiempo llevaba allí?, no se habían percatado de su presencia.
    ─ Gracias Jay pero puede ser peligroso y…
    ─ Iré de todos modos ─ le interrumpió ─. Es lo mínimo que puedo hacer por lo que habéis hecho por mí.

Jay había llegado hace unos pocos días a Teland antes de que Rashell marchara. Era un pescador, su barco se hundió y naufragó a la deriva, afortunadamente pudo encontrar tierra y nadar hasta a ella, así fue como llegó a Teland. Lo encontraron cerca de la aldea totalmente empapado y cansado. Lo acogieron inmediatamente en el pueblo y lo invitaron a quedarse a vivir allí pero Jay dijo que solo estaría unas semanas aunque agradecía el gesto. Jay tenía un solo ojo, el otro lo perdió una vez de niño en un bosque. Vestía con unos pantalones negros y una camisa marrón, llevaba una capa del mismo color aunque de un tono más oscuro. No tenía pelos ni sombrero que tapara su blanca calva.

    ─ Hay una cosa más ─ dijo el regordete alcalde. El alcalde vestía con un traje de pingüino y un pequeño sombrero del mismo color que sus diminutos ojos negros.
    ─ La llave… se la llevaron… ─ era Gina, hablaba con esfuerzo.
    ─ ¡Gina, amor mío no digas nada, descansa! ─ dijo Rashell, estaba a su lado apretándole la mano.
    ─ ¿Qué llave?, ¿no se referirá a…?  ─ preguntó Lina. Estaba asustada.
    ─ Si han robado la llave de la fortaleza ─ dijo el alcalde.
Todos estaban aterrados.
    ─ Ahora robaran los tesoros ancestrales de la isla ─ dijo Jay.
    ─ ¿Qué tesoros? ─ preguntó enojado Cory.
    ─ En la ciudad siempre se ha contado que en Teland se encuentra una fortaleza que protege algo mucho más importante que el hilo, dicen que esconde tesoros únicos en el mundo, telas de incalculable valor.
    ─ Eso es totalmente erróneo. Lo que se esconde allí es algo sumamente peligroso.
    ─ ¿Qué queréis decir?
    ─ Allí se encuentra preso la señora Tijeras  ─ dijo el alcalde.
    ─ ¿Quién?
    ─ La señora Tijeras es un ser malvado que hace miles de años nuestro ancestral dios, el gran muñeco de madera, encerró en la fortaleza donde duerme desde entonces.
    ─ Si lleva encerrado tanto tiempo ya estará muerto.
    ─ No. No lo entiendes. No es como nosotros. La señora Tijeras es el mal, el caos, la destrucción total. Nunca morirá a menos que se le destruya.
    ─ Si despierta de su letargo arrasará todo cuanto encuentre ─ continuó Cory.
Jay estaba espantado, los escuchaba con la boca abierta.
    ─ Si han ido a abrir la fortaleza puede que aún los alcancemos. Teniendo en cuenta que esta misma noche nos han robado, es muy posible que hayan descansado en el bosque, puede que aún no hayan retomado el viaje ─ dijo Rashell que besó a su esposa y salió decidido ─. No hay tiempo que perder, ¡vamos!
Jay fue tras él.
    ─ ¡Esperad! La fortaleza está lejos, si vais a pasar la noche en el bosque será mejor que cojáis algo para comer y para hacer el fuego ─ dijo Lina.
Rápidamente prepararon las provisiones y las metieron dentro de unos dedales enormes que llevaban sobre la espalda a modo de mochila. Rashell y Jay finalmente partieron hacia el bosque.
    ─ ¡Ey!, yo también iré con vosotros.
Cory se unió con ellos.

Cory era el mejor amigo de Rashell desde que éste llegó a la aldea. Vestía una túnica negra con bordeados y adornos rojos, llevaba un alto sombrero de pico negro y sus ojos eran dos botones rojos. Cory era el brujo de la aldea, pero nunca había logrado realizar algún hechizo mágico con éxito, todo lo que había conseguido eran remedios medicinales, que no es poco, así como perfumes, pegamentos, jabones, cremas y otros ungüentos.

El bosque tenía una alta densidad de árboles de color verde oscuro. Los árboles eran de papel y las piedras de corcho.
Llevaban un par de horas caminando, Cory iba en cabeza, de los tres él era el único que se había criado en Teland y se conocía el bosque mejor que nadie.
    ─ Puede que los alcancemos, ellos no saben donde está la fortaleza, les costará encontrarla.
Eran las seis de la tarde, en Teland caía pronto la noche.
    ─ Será mejor que encendamos las antorchas, está oscureciendo ─ propuso Rashell.
    ─ Lo mejor será que encendamos una hoguera y descansemos ─ ordenó Cory.
    ─ ¿Pero que estás diciendo?, ¡hay que atrapar a los ladrones! ¿Qué pasará si despiertan a la señora Tijeras mientras nosotros estamos durmiendo? ─ Rashell estaba enojado ─. Te recuerdo que mi mujer se encuentra en dos partes, que peligra su vida.
    ─ Ya lo sé, pero este bosque es inmenso, será imposible encontrar la fortaleza cuando caiga la noche, seguramente nos perderíamos.
    ─ Estoy convencido de que ellos también habrán pensado en descansar ─ dijo Jay ─. Además si nos perdemos…
    ─ Ya, entiendo ─ dijo Rashell resignado ─. Está bien, descansemos.
Encendieron una hoguera y se sentaron alrededor de ésta. Había oscurecido del todo, una luna creciente de papel de aluminio los observaba desde el cielo.
    ─ ¿Qué crees que pasará si la señora Tijeras despierta? ─ preguntó Rashell.
    ─ Será el fin ─ contestó Cory.
    ─ ¿Cómo la confinaron? ─ le preguntó Jay.
    ─ Fue nuestro dios quien lo hizo, pero en realidad no sabemos como.
    ─ Pues vaya. ¿Y cómo sabéis que la señora Tijeras en realidad existe?
    ─ Ciertamente no lo sabemos. Nunca hemos intentado averiguarlo por miedo a que sea verdad.
    ─ ¿Quieres decir que no tenéis ninguna prueba ni indicio de que existe? ─ preguntó sorprendido Rashell que ya llevaba tiempo viviendo en la isla.
    ─ Eh…, no ─ dijo Cory sonrojado.
    ─ Entonces lo de señora lo decís por que habláis de unas tijeras, pero en realidad no sabéis si es hombre o mujer.
    ─ Bueno suponemos que se trata de un diablo, así que ni es hombre ni es mujer.
    ─ Por tanto es muy posible que no exista, ¿no os habéis parado a pensar que quizá aquello fuera una historia inventada para espantar a ladrones y extraños y que en realidad allí se escondan los tesoros de algún antiguo rey? ─ Jay sonreía, estaba contento ─. En la ciudad siempre se dijo que allí había tesoros encerrados.
    ─ Sí en mi barrio también decían eso ─ dijo Rashell.
Cory estaba visiblemente molesto.
    ─ La señora Tijeras fue confinada en la fortaleza hace miles de años, es normal que nadie la haya visto y que con el tiempo su historia haya caído en el olvido.
    ─ Yo sigo que pensando que allí se esconde algo de gran valor ─ afirmó Jay.
    ─ Yo también espero que sea así ─ dijo Rashell ─. De todos modos prefiero no comprobarlo, lo mejor será que descansemos ya.
Los otros asintieron. Se metieron dentro de sus dedales y durmieron. Era así porque por las noches centenares de agujas sobrevolaban los bosques y de esta manera se protegían de sus picaduras. A Rashell al principio le costó dormir, estaba preocupado por Gina, pero finalmente el sueño se apoderó de él.

Rashell se encontraba en un cementerio. Era bastante tétrico, los árboles eran grises y no tenían hojas, miles de tumbas se hallaban en la tierra y sus lápidas estaban repletas de gigantescas telarañas. Era de noche pero el cementerio estaba iluminado por farolas. Rashell caminaba entre las tumbas y de pronto se detuvo, unos hombres cavaban una tumba, eran grandes, vestían mal y desprendían un olor putrefacto, un rostro vil adornaba sus caras. Una muchacha les acompañaba. Era Gina, lo miraba con una expresión triste, estos se giraron para mirarlo también pero hicieron caso omiso de su presencia. Sacaron unos cuchillos y despedazaron a Gina, cuyos pedazos cayeron en la tumba. Rashell gritaba pero no podía emitir sonido alguno, de repente empezó a escuchar unos chasquidos. Divisó a lo lejos unas tijeras que se abrían y cerraban y se acercaban a gran velocidad. Lo arrasaba todo a su paso tumbas, árboles…, pronto llegó adonde estaban los ladrones y los hizo pedazos. Entonces las enormes tijeras se dirigieron hacia él, oía el chasquido de cerca, pero no podía moverse. Estaban cerca, más cerca aún, las tenía ya delante. Las tijeras se abrieron envolviéndolo a él, dispuestas a rebanarle la cabeza y se cerraron.
Un horrible chasquido resonó en su cabeza y Rashell se levantó sobresaltado, había sido una pesadilla. Salió del dedal para ver si ya había amanecido, estaba justo amaneciendo así que se dispuso a despertar a sus compañeros.
    ─ Vaya ya ha amanecido ─ dijo Cory incorporándose y soltando un enorme bostezo.
    ─ ¿Cuánto crees que falta para llegar? ─ le preguntó Jay.
    ─ No mucho, calculo que en hora y media estaremos allí.
    ─ ¡Vamos! ─ ordenó Rashell.
Los tres emprendieron la marcha hacia la fortaleza. Al cabo de poco tiempo encontraron árboles talados. Cory se quedo quieto mirando los árboles cortados.
    ─ ¿Y ahora qué Cory? ─ le preguntó enfadado Rashell.
    ─ ¿No lo ves?, los árboles están cortados, eso quiere decir que la señora Tijeras ha despertado.
    ─ Quizá los hayan cortado los ladrones para hacer fuego. De todas formas será mejor que nos apresuremos.
Dejaron sus dedales, eran pesados y necesitaban darse prisa ya los cogerían en la vuelta o mas tarde.
Por fin llegaron a la fortaleza, ésta en realidad se trataba de una torre, eso sí era la única construcción de piedra que había en Teland. Alrededor de ésta caían árboles cortados amontonados en el suelo.
    ─ Todo esta devastado ─ dijo nervioso Cory ─. Ha despertado, ha despertado…
    ─ La puerta está abierta entremos ─ dijo decidido Rashell.
    ─ Espera puede ser peligroso…
    ─ ¡Ya hemos esperado bastante!
Y dicho esto Rashell entró en la fortaleza.
    ─ ¡Venid entrad! ─ les gritó.
Jay y Cory entraron cautelosamente. Era una sala enorme y estaba llena de estatuas, había un altar en el que se alzaba una estatua en honor al gran muñeco de madera, cuadros y pinturas adornaban las paredes, la única luz que entraba en esa gran sala procedía de la puerta abierta, las ventanas habían sido tapiadas.
    ─ Esto es maravilloso ─ dijo Rashell ─. No creo que construyeran esto para encerrar a nadie.
    ─ No, pero no debieron tener otro remedio ─ Cory sollozaba ─. Chicos hay que volver rápido a la aldea, hay que huir de Teland.
De repente el miedo empezó a apoderarse de Rashell y Jay, hasta ahora no se habían tomado muy en serio lo de la señora Tijeras y se habían auto convencido de que se trataba de una vulgar leyenda, habían visto el bosque devastado y la fortaleza estaba abierta, pero la grandiosidad y majestuosidad de ésta los había invadido por unos instantes y los había hecho olvidar por completo de la posibilidad de la existencia de aquel diablo. Era evidente que si existía y que podía estar en cualquier lugar y seguramente no andaría muy lejos.
    ─ Mirad, aquí hay unas mochilas ─ dijo Jay.
Cerca de la puerta había dos mochilas. Las abrieron, dentro estaba el hilo.
    ─ ¿Por qué las dejarían ahí? ─ se preguntó Jay.
    ─ Seguramente tuvieran que salir huyendo y se tuvieran que desprender de ellas ─ dijo Cory.
    ─ Ahora que lo dices no se ven a los ladrones, ¿me pregunto dónde estarán?
    ─ ¡Hay que atraparlos, no se pueden ir así de rositas! ¡Deben pagar por lo que le han hecho a Gina! ─ exclamó Rashell.
    ─ Pero hay que ir al pueblo a avisar a los demás de que la señora Tijeras está libre, además hay que ocuparse de tu mujer ¿recuerdas? ─ dijo Cory.

Rashell se quedó pensativo.
    ─ ¡Ya lo tengo! Tú podrías ir al pueblo, avisar de lo sucedido y ocuparte de Gina. Jay y yo nos encargaremos de los ladrones.
    ─ ¡No voy a poder cargar con las dos mochilas, pesan demasiado!
    ─ ¿Y tú te haces llamar brujo y no puedes con dos mochilas?, ¿porqué no realizas algún conjuro para que pesen menos? ─ le reprochó Rashell.
    ─ Oye se necesitan muchos años para….
    ─ Está bien, está bien ─ lo interrumpió Rashell que no quería escuchar sus excusas ─. Yo cargaré con la otra. Con eso tendrás hilo de sobra.
Cory se puso la mochila.
    ─ Y dime, ¿cómo piensas encontrar a los ladrones?
    ─ Iremos al embarcadero, si han dejado el hilo es porque la señora Tijeras habrá ido a por ellos y lo mas seguro es que quieran huir de la isla.
    ─ Si es que siguen de una pieza.
    ─ Si los encuentro despedazados me reiré de ellos y los dejaré así hasta que mueran.
    ─ ¡Qué simpático! ─ dijo Cory con una mueca de disgusto ─ Bien me marcho, no podemos perder mas tiempo.
Cory se fue en dirección a la aldea y los otros fueron hacia el embarcadero.
Tras varias horas de camino empezó a oscurecerse, Rashell iba delante y Jay lo seguía, de vez en cuando topaban con alguna zona devastada, indicio de que la señora Tijeras había pasado por allí. De repente Rashell sintió una punzada en la pierna y cayó de cara al suelo. Le habían rasgado la pierna derecha. Jay aprovechó su estado de confusión para amputarle las piernas y quitarle la mochila con el hilo. Rashell gritó de dolor, aún así pudo girarse en el suelo para ponerse de cara a su agresor. Lo había atacado con un gigante cuchillo de los que habían traído para combatir a los ladrones.
    ─ ¿Qué? ¿Por qué? ─ Rashell no salía de su asombro.
    ─ Soy uno de ellos. Vine unos días antes para preparar el robo de la mejor manera. Lo del naufragio y todo eso me lo inventé. Es una pena que no escuchara la historia de la señora Tijeras de lo contrario todo habría salido bien. Por lo menos no me marcharé con las manos vacías ─ dijo mirando la mochila ─. Os deseo suerte en vuestra batalla. Y no me juzgues mal no quisimos hacerle eso a tu mujer pero ella se opuso y no tuvimos mas remedio.    
    ─ ¡Serás cerdo!
    ─ Jejeje, bueno me tengo que ir, ha sido un placer.
Jay se marchó con el hilo. Rashell estaba perdido en mitad del bosque, allí tal vez no lo encontrara nadie, cogió sus dos piernas y decidió ir arrastrándose hasta el pueblo, cuando mas cerca estuviera mas posibilidades tendría de que lo localizaran, solo deseaba no tropezarse con la señora Tijeras.

Cory seguía su camino hacia la aldea.
Cayó la noche, el bosque parecía muy diferente de noche que de día, tenía un aspecto lúgubre, se oía el silbido del viento y el cantar de los búhos, en el cielo volaban agujas que de vez en cuando se acercaban a él para intentar picarle. La luna iluminaba lo suficiente para ver en el bosque aún así Cory decidió encenderse una antorcha. Estaba muy cerca de casa así que pensó que lo mejor sería continuar y confiaba en no extraviarse.

Jay llegó al puerto y para su sorpresa se encontró con que todas las barcas estaban destrozadas. Yacían también en el suelo sus dos compañeros ladrones. Uno de ellos estaba cortado por la mitad al igual que Gina y el otro estaba despedazado, le habían cortado los brazos, las piernas y el cuello, la cabeza lo miraba con terror.
    ─ Hu…huye ─ intentaba decirle la cabeza.
De repente oyó un ruido. Se giró.
Unas gigantescas tijeras se acercaban a él a toda velocidad cortando los árboles que se encontraba a su paso. Las tijeras levitaban horizontalmente a ras de suelo abriendo y cerrándose violentamente. Las hojas al igual que el mango eran de acero. Las hojas no estaban unidas por un tornillo sino por un globo ocular con dos iris amarillos, uno en cada lado, por los cuales veía el monstruo.
Sin que le diera tiempo a reaccionar Jay fue tijereteado.

Cory apagó y dejó su antorcha, por fin había llegado al iluminado poblado. Se fue corriendo directamente a la casita roja de Gina. Aporreó la puerta y rápidamente la abrieron. Apareció Lina que había estado cuidando de su hermana, estaba nerviosa.
    ─ ¡Menos mal que por fin habéis llegado, un poco mas y no lo cuenta!, por cierto ¿dónde están los otros?
    ─ Ya te lo contaré mas tarde ─ se quitó la bolsa que contenía el hilo y se la dio ─. Tú cose a Gina y marcharos lo mas rápidamente a la iglesia. La señora Tijeras no tardará mucho en llegar.
    ─ ¿Cómo?
    ─ Tú haz lo que te digo, ¡rápido!
Cory se fue apresuradamente a la casa del alcalde. Golpeó la puerta. Cuando éste salió le explicó brevemente lo ocurrido y le dijo que diera la voz de alarma.
Inmediatamente dieron la voz de alarma en el pueblo, poco a poco fueron saliendo los habitantes, a esas altas horas de la noche casi todos estaban durmiendo y a la mayoría les costaba reaccionar. Ordenaron a todo el pueblo que se refugiara en la iglesia.
La iglesia era una enorme construcción de madera situada en una colina muy próxima a la aldea. Se había construido para venerar a su dios el gran muñeco de madera, por ello la iglesia estaba hecha de madera, y era la construcción más sólida y segura de Teland exceptuando la fortaleza.
Cory empezó a subir la colina, la mayoría de gente ya había salido de sus casas. Echó la vista atrás y observó aterrado como los árboles más próximos a la aldea iban cayendo, pronto visualizó a las descomunales tijeras. Apresuró su paso hacia la iglesia. Cuando llegó ya había gente refugiada allí, entre ellos estaba el alcalde y su mujer y las gemelas Gina y Lina. Pero era evidentemente que todo el mundo no lograría llegar a la colina y menos estando la señora Tijeras tan cerca del poblado. 
    ─ Vaya Gina veo que estás perfectamente ─ le dijo Cory.
    ─ Gracias a ti, por cierto ¿dónde está mi marido?
    ─ Supongo que estará ocupándose de los ladrones.
    ─ ¿Cómo que supones?
    ─ Ya basta de cháchara hay que pensar en como hacer frente a esas tijeras ─ dijo el alcalde.
    ─ No hay de que preocuparse aquí estamos a salvo ─ dijo Lina.
    ─ ¿Y piensas quedarte aquí encerrada para toda la eternidad?
    ─ Además la señora Tijeras puede atravesar estas paredes si nos acomete con violencia y os aseguro que lo hará ─ dijo Cory ─. Como mucho podremos resistir un tiempo pero nada más.
    ─ ¿Y qué vamos a hacer? ─ preguntó el alcalde.
Cory se quedó en silencio.
    ─ Tengo un plan pero no se si dará resultado.
Éste se dirigió hacia la puerta.
    ─ ¿Cory adonde vas? ─ preguntó Lina.
    ─ ¡No salgas es peligroso! ─ dijo alguien de los que allí se encontraban.
Hizo caso omiso de ellos y salió. Divisó desde lo alto de la colina como la señora Tijeras atacaba a la gente y destruía sus casas, oía los gritos de la gente, el caos había invadido Teland.
Bajó al poblado y se dirigió a su casa, esperaba y deseaba que todavía se mantuviera en pie.
En su camino se tropezó con decenas de personas que huían atemorizadas. El resonar de las tijeras se oía en toda la aldea. Se encontraba con muñecos que caían al suelo y eran aplastados por la multitud que huía asustada.
Llegó a su casa todavía estaba en pie. Entró en su negra casa de plastelina. Llegó a un cuarto repleto de estantes, en éstos había numerosos libros y brebajes. Abrió uno de los cajones del armario, rebuscó en él hasta que por fin encontró lo que quería. Salió inmediatamente de allí. La señora Tijeras pasó como un rayo por delante de sus narices y vio como cortaba a uno de los aldeanos. Echó a correr entre la multitud. Consiguió llegar a la colina, dirigió su mirada hacia al poblado y observó que ya no había casi nadie allí, solo los heridos, la mayoría de gente había logrado llegar hasta la iglesia y otros estaban alcanzando ya la colina. Se percató de que la señora Tijeras estaba ocupada destrozando su casa.
    << ¡Por qué poco! >>, pensó.
Entró dentro de la iglesia, estaba repleta de gente. Entre la multitud vio a Lina que acudió a él.
    ─ ¡Cory, estás a salvo! ─ dijo ésta abrazándolo.
Súbitamente estalló un estruendo en la iglesia, todos giraron su cabeza en esa dirección.
Uno de los muñecos de trapo que estaban apoyados en una de las paredes de la iglesia aparecía atravesado por los extremos de las hojas de las tijeras que sobresalían de su pecho. Las tijeras se retiraron para volver a cargar con más fuerza contra la pared. Cuando las hojas se retiraron, el telandiense se desprendió de éstas y cayó al suelo, aprovecharon de inmediato para cogerlo y apartarlo de allí. Todos se encontraban a una distancia considerable alrededor del lugar donde había acometido la señora Tijeras en el cual podían contemplar dos pequeños agujeros.   
Las tijeras abiertas volvieron a acometer con más fuerza, esta vez penetraron en la sala sus dos hojas casi en su totalidad, pero aún así no consiguió derribar la pared para poder entrar en el recinto. Un estallido de espanto y horror inundó la iglesia. Las tijeras intentaron retirarse para realizar la acometida final pero quedaron atascadas en la madera por unos instantes. En ese tiempo Cody aprovechó para acercarse a las tijeras.
    ─ ¡Cory no! ─ gritó Lina.
Todos lo miraban asombrados.
Las tijeras se movían con fuerza para liberarse, Cory aprovechó para rociar las cuchillas con un líquido que había traído, lo hacía desde una distancia prudente, lanzando el líquido contenido en tubos, pero lo suficientemente cerca como para poder untar el filo de las hojas. Las tijeras se retiraron violentamente. La iglesia enmudeció, todos esperaban la acometida final, pero tras unos instantes, ésta no llegaba.

Cory se asomo a través de uno de los enormes agujeros que sus cuchillas habían dejado en la pared. Todos estaban expectantes. Al cabo de unos segundos el resto de la gente fue acercándose también. La señora Tijeras estaba en el suelo agitándose como un pez fuera del agua, tenía las cuchillas cerradas.
    ─ ¡La hemos vencido! ─ gritó uno.
Un rugido de júbilo surgió de sus gargantas. Todos salieron rápidamente de la iglesia y se abalanzaron sobre las tijeras inmovilizándola para que no se moviera.
    ─ ¿Qué era eso que le has echado? ─ le preguntó el alcalde a Cory.
    ─ La he rociado con un pegamento que inventé, de esta manera no podrá volver a abrir sus condenadas tenazas.
    ─ ¿Y tenías todo esto planeado?
    ─ No de esta forma, pensé que tendría que arriesgar mi vida y afortunadamente no ha sido así.
    ─ Lo mejor será que la volvamos a encerrar cuanto antes, ¿es fuerte ese pegamento? ¿Crees que durará lo suficiente como para llevarla a la fortaleza?
    ─ Sí, aunque hay una cosa más que creo que podemos hacer.
Cory se abrió paso entre la multitud que rodeaba a las tijeras y sacó un cuchillo de debajo de su túnica. Se dirigió al globo ocular de éste y empuñando el cuchillo con ambas manos lo alzó al cielo y lo clavó con fuerza en todo el ojo de la señora Tijeras.
Una potente luz blanca surgió del ojo deslumbrándolos a todos y fue haciéndose cada vez mas intensa hasta que dio lugar a una explosión. Cory y todos los que se encontraban alrededor de las tijeras cayeron al suelo. Una polvareda de humo gris envolvía la escena. Cuando fue diluyéndose pudieron apreciar una oscura figura gaseosa que ascendía al cielo.  Era la figura de un diablo y emitió un chillido ensordecedor cuando fue desvaneciéndose en el cielo hasta desaparecer por completo. 
Todos se estremecieron, pero a continuación cantaron victoria de nuevo.
Donde antes había unas enormes tijeras ahora solo quedaban unas viejas, pequeñas y oxidadas tijeras.
El sol, hecho de papel de oro, empezó a asomarse. Estaba amaneciendo.
Pero la alegría no estaba completa todavía había que encontrar a Rashell y a Jay.
Primero fueron al embarcadero donde encontraron a Jay junto con los ladrones. Al desconocer la traición de Jay lo repararon y recuperaron la parte de hilo que el traía, Jay no les contó de su traición pero le serviría de poco ya que todas las barcazas estaban destrozadas y no podía huir de la isla y tan pronto como encontraran a Rashell sabrían de su traición así que decidió esconderse en el bosque.
Finalmente encontraron a Rashell, estaba cansado y muy maltrecho ya que llevaba largo tiempo arrastrándose por el bosque. No ocultó su alegría al ver a su esposa sana y salva y al conocer que habían acabado con el mal.
Tan pronto como conocieron la traición de Jay lo buscaron por el bosque y lo ataron a un poste junto con los pedazos de los otros ladrones a quienes no repararon. Encendieron una hoguera a la noche siguiente y los quemaron como castigo de sus terribles actos. Una humareda ascendía a los cielos de aquella fría noche. Gina y Rashell contemplaban la hoguera con alivio, ya había pasado todo.
    ─ ¿Sabes una cosa Rashell?
    ─ Dime
    ─ ¿Sabes por qué creo que el cielo de la noche está tan oscuro?
    ─ No, ¿por qué?
    ─ Porque allí quedan atrapadas para siempre las almas de la gente malvada y sin escrúpulos.
─ Entonces, ¿crees que tu madre se encontrará allí? ─ dijo con una mueca burlona.
─ ¡Rashell! ─ exclamó divertidamente dándole un empujón.
Ambos rieron
El pueblo quedo totalmente destrozado. Necesitaron meses para reconstruirlo pero con ayuda de todos consiguieron alzar nuevas casas y recuperar la aldea y el puerto por completo.
Rashell y Gina tuvieron una vida feliz y sin sobresaltos.
Cory se convirtió en el héroe de Teland y en el brujo más popular del país de los muñecos de trapo y hoy en día todavía se recitan canciones que narran como logró vencer a la señora Tijeras.
Y aquí finaliza el episodio más importante de la historia de Teland y ¡recordad!, protegeos todas las noches de las picaduras de agujas.

3 Responses to “EL PAÍS DE LOS MUÑECOS DE TRAPO”

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